Cristina Lopez Barrio

FINALISTA PREMIO PLANETA 2017

Un amante fugaz. Una ciudad mágica. Un misterio olvidado en el viento.

Una novela circular en la que la realidad y la ficción se entrelazan: la acción va cobrando sentido a partir de la novela que se desarrolla dentro de la propia novela.

Guiños inteligentes, simbolismo y juegos literarios como un reto al lector.

La historia

Diciembre de 2015. Flora se despierta en medio de la noche al lado de un hombre que ha conocido horas antes en un pub. Aprovecha su sueño profundo para vestirse y marcharse a su casa, donde le espera su marido. Antes repara en un libro, lleno de anotaciones, que su amante de una noche está leyendo. Se titula «Niebla en Tánger», de una autora desconocida para ella, Bella Nur. También encuentra un colgante muy peculiar en forma de cruz que pertenece al hombre. Deja escrito su número de móvil, se guarda el colgante y sale con sigilo.

Al día siguiente, la vida continúa como siempre. Compras en el supermercado en compañía de su marido, lavados de coche, rutinas. Flora ha renunciado a su sueño de ser escritora, y se gana la vida traduciendo instrucciones de electrodomésticos. Un segundo deseo, el de convertirse en madre, tampoco parece que pueda llegar a ser realidad ahora que ha atravesado la barrera de los cuarenta. Deidé, su psicoanalista, -en sesiones por Skype desde Buenos Aires-, le aconseja siempre que se arriesgue a dejar la «Incómoda comodidad» en la que vive. Por eso Flora no duda en decir «sí» cuando el desconocido le vuelve a contactar para un segundo encuentro.

Esa noche el viento arrecia. Flora llega anhelante a la cita, pero espera en vano, pues él no acude. Siente desesperación. Quiere saber por qué no ha hecho acto de presencia. También desea averiguar quién es la mujer cuyo nombre ha descubierto en el reverso del colgante, Alisha. La única referencia que tiene de su extraño amante es ese libro lleno de anotaciones manuscritas en francés. En un intento de calmar su desesperación, se lo compra.

Ante su asombro, sus páginas no tardan en devolverle una historia paralela a la suya: el mismo nombre del protagonista, Paul, el singular color de sus ojos, sus lejanos y frecuentes viajes, su anillo de plata con una piedra gris, su desaparición en medio de un fuerte viento. Todo eso que ella acaba de vivir, está escrito en el libro.

Asombrada, Flora se sumerge en la historia que cuenta Marina Ivannova, hija de un amor proscrito, huérfana temprana, pacifista convencida ante la brutalidad de su propio padre. Ella relata su vida en Tánger conviviendo con el cuerpo de su madre embalsamado en cera, su traslado a Moscú, su vuelta a Tánger tras la revolución bolchevique, su acomodada vida de rica niña judía con sus abuelos maternos en una ciudad repleta de luz, color y olores; su encuentro con Paul ya adulta, con quien vive un amor intenso, y la súbita desaparición de este.

Flora decide viajar a Tánger para conocer a Bella Nur con la esperanza de que ella le diga dónde encontrar a Paul.

Casi nada más llegar conoce a Armand, quien va a jugar un papel importante en su aventura tangerina. Gracias a su intervención consigue dar con la autora, una extraña anciana que parece conocer sus secretos. «Has encontrado a Paul Dingle, ¿no es así?», le dice, cuando ella va a visitarla con la excusa de hacerle una entrevista para un blog. La casa donde vive Bella Nur es la misma en la que Marina vivió con su padre, le cuenta, y ella encontró los diarios de Marina, escondidos, y recreó su relato. Pero «el artista ha de crear la vida, no copiarla», añade la escritora.

Flora empieza a no saber dónde termina la realidad y empieza la fantasía, ambas parecen íntimamente ligadas tanto en la vida real como en la novela.

En esta, tras muchas peripecias, Marina se convierte en madre adoptiva de la hija de una hechicera bereber. Pronto aparece Paul en su vida, de quien se hace amante. Sin embargo, Paul desaparece sin dejar rastro en 1951, en medio de un fuerte viento. Marina pasará el resto de sus días cosiendo y descosiendo una colcha, como Penélope en la Odisea, a la espera de su regreso, o de saber qué fue de él…

Flora se va involucrando más y más en toda esta historia. ¿Es Paul un ser maldito, condenado a recorrer el mundo, a seducir a mujeres y luego desaparecer en una noche de viento? ¿O es un impostor? Solo Deidé pone una nota de realismo, cordura y orden en la aventura de Flora. Ella también encuentra apoyo en Armand, cuya intervención va a ser decisiva para sus objetivos.

Las preguntas a las que Flora se enfrenta, se multiplican. ¿Quién es realmente el Paul con quien ella pasó esa única noche? ¿Quién es Alisha, la portadora del nombre grabado en el colgante? ¿Qué hay de verdad y de imaginación en la novela de Bella Nur? Y lo más inquietante de todo: ¿quién es realmente la escritora, qué papel jugó en la desaparición de Paul Dingle y por qué está interesada en que Flora olvide todo y regrese a casa?

Para dar respuesta a estas preguntas, Flora tendrá que hacer lo que nunca se atrevió ni siquiera a imaginar, con riesgo de su propia vida. La suya será una aventura cada vez más enigmática y fascinante, al final de la cual ya nada volverá a ser como antes.

 

LA NOVELA

Niebla en Tánger es una mágica novela de amor, misterio y emociones ambientada en la ciudad «más literaria del mundo», como la ha calificado la propia autora. Se trata de una extraordinaria novela circular en la que realidad y ficción se entrelazan; la acción va cobrando sentido a partir de la novela que se desarrolla dentro de la propia novela.

Una apoya a la otra en un ingenioso juego literario que ya había utilizado Julio Cortázar en su conocido cuento «Continuidad en los parques». Este cuento fue, según declaraciones de Cristina López Barrio, el fogonazo de salida que pondría en marcha su futura novela, que ella dedica como homenaje al autor argentino.

La novela es un viaje apasionante. La protagonista se desplaza a Tánger en busca de su amante, ciudad emblemática a caballo entre diferentes culturas. El Tánger actual, reflejo de evocadores tiempos pasados, está presente en la novela a través de lugares de referencia, como el elegante hotel Villa Joséphine o la mítica librería Des Colonnes, considerada una de las más bellas del mundo.

Pero los lectores se trasladarán, también, al Tánger de la primera mitad del siglo pasado, el Tánger de la ciudad internacional, un lugar fascinante que la autora describe de una manera colorista y llena de poesía, «un Camelot –dice- que ya no se volverá a repetir». (Pág. 221).

Pero además, Niebla en Tánger es un viaje audaz al interior de la protagonista. Recién estrenada la cuarentena, Flora ve alejarse su deseo de ser madre. Esto, junto a su sueño frustrado de dedicarse a la escritura, y a la presencia de un marido gris y previsible, hace de su viaje un espacio para tomar distancia de sí misma y llegar a decisiones importantes en su vida.

Como ya se ha apuntado, en el centro de la narración está el misterio, y en el centro del misterio, Paul, un personaje nebuloso al que solo se le adivina a través de la estela que deja su fuga incesante. ¿Cómo puede una persona, desaparecida en 1951, reaparecer en el Madrid del siglo XXI sin sufrir el lógico deterioro del tiempo? ¿Por qué desaparece sin dejar rastro después de seducir a las mujeres? ¿Es real, o imaginario? ¿Qué esconde?

El amor es otro de los elementos omnipresente en la narración. Mujeres que aman a un hombre misterioso que parece huir incesantemente; amor de madres por sus hijas, incluso las no nacidas aún; amor anticuado y rígido de abuelos a nieta; amor maternal y hondo de sencillas mujeres del pueblo a niña de casa rica; amor infantil que crece y perdura en el tiempo; amor a la hija adoptada; amores ocultos, amores prohibidos.

En Niebla en Tánger el realismo mágico está presente en muchas de sus páginas, dotando al relato en su conjunto de una atmósfera hechizante. Cadáveres embalsamados en cera que viajan de un continente a otro, días de viento furioso en los que siempre sucede lo inesperado, panderas hechas con piel de mujer que dotan a quien las toca de un poder mágico en su voz…. Pasado y presente, realidad y fantasía, se mezclan y confunden en una intrincada maraña que la protagonista irá desenredando como un detective experto.

Otro de los rasgos distintivos en la novela es la existencia de personajes que encarnan a un tipo de mujer fuerte. Mujeres valiosas, inteligentes, independientes, capaces de romper las normas, que van a contracorriente. Mujeres incluso con poderes especiales. ¿Es este, quizá, un guiño que la autora ha querido hacer a tantas heroínas anónimas?

Para terminar, Niebla en Tánger es una magnífica reflexión sobre la creación literaria como poder transformador y generador de vida propia. «Te aseguro que la creación puede transformar», le dice en un momento dado Bella Nur, a la Flora aspirante a escritora. Pero, matiza, «el artista ha de crear la vida, no copiarla». Y le regala un libro, La decadencia de la mentira, de Oscar Wilde, en el que este sostiene que los escritores escriben mal porque se ciñen demasiado a la realidad.

Las referencias a otros autores son numerosas a lo largo de las 300 páginas del libro: Paul Bowles, Saint-Exupéry, Oscar Wilde, Camus, Emily Brönte, Cervantes, Proust… menciones pertinentes que sitúan las obras de estas figuras destacadas en el centro mismo de la vida. La Literatura como motor.

Niebla en Tánger es, en definitiva, una novela extraordinaria, con múltiples caras, llena de color y de ingenio, cuya lectura cuesta interrumpir. Un libro para disfrutar, en cada una de sus páginas, del placer de la lectura mediante la mejor literatura. Inolvidable.

ESTILO

Niebla en Tánger es la primera novela de la autora situada en la época actual. Se trata de una obra de madurez literaria, con una estructura ambiciosa en su concepción y perfecta en su ejecución, llena de guiños inteligentes desde las primeras páginas –la discoteca en la que se conocen Flora y Paul, al principio de la novela, se llama Camelot, un lugar tan legendario como incierto-; asimismo, está cargada de simbolismo –en la casa de Flora en Madrid se proyecta la sombra de un ciprés que hay en el jardín-; y con una prosa tan bella y poética como la del siguiente fragmento, en el que Marina recuerda su infancia:

Me sentía feliz en las casas con suelo de arena, me deshacía de los estrictos zapatos del colegio y caminaba descalza. Las primas y las hermanas de Ankara me pintaban los pies y el vientre con henna, las partes donde era más difícil que mi padre nos descubriera; me hacían dibujos para ahuyentar el mal de ojo, y así, como si fuera una de ellas, me contaban sus cuentos, solo para mujeres y niños varones durante la infancia; debían esperar a la caída del sol, pues llevaría una maldición a quien se precipitase a contarlos antes. Era un universo femenino, ese donde se aprenden las primeras frases de la existencia y su verdadero significado.

O esta descripción de la ciudad actual frente al Tánger antiguo:

¿Dónde están los encantadores de serpientes, el bullicio de perfumes y especias?, se pregunta Flora mordiendo el dulce. Marina y Samir perseguidos por el mendigo terrible. Los camellos que llevaban las mercancías, los vendedores de todo lo que se podía vender, los huevos de astrogodón, que se empollan y conceden deseos.

Ahora es una plaza amplia, con abundante tráfico. Hay un pequeño parque circular donde la gente se sienta en los bancos. Armand le muestra a Flora el edificio de la filmoteca de Tánger, que antes era el cine Rif, y el palacio de Mendub. En sus jardines hay un ficus que ronda los ocho siglos. El tronco se retuerce y muestra sus raíces gruesas, pulidas, le indica él, para abarcarlo en su totalidad harían falta al menos tres hombres.

Para la historia de Flora, en la época actual, la autora ha elegido el estilo en tercera persona; mientras que ha optado por la primera persona cuando es Marina quien habla. Los dos componentes de la novela quedan así perfectamente integrados al tiempo que bien diferenciados, completado con encabezamientos independientes y un tipo de letra distintivo en cada caso.

Por último, un detalle: esta es una novela llena de juegos literarios que invitan a ser descifrados o interpretados, como un reto al lector. Por ejemplo, el número 24 que se repite en las fechas de los acontecimientos, el nombre de Camelot utilizado en diferentes momentos de la narración, la frecuente presencia del chocolate caliente como bebida, la maternidad no satisfecha de varios personajes femeninos o el ya mencionado viento que arrecia en momentos clave, son pequeñas pero eficaces gestos que contribuyen a reforzar la complicidad entre autora y lector. Una prosa inteligente para un lector inteligente.

LOS PERSONAJES DE LA NOVELA

FLORA Una mujer que acaba de cumplir los cuarenta, rellenita y con bragas grandes, según su propia descripción, pelirroja y pecosa. Escritora frustrada, se gana la vida haciendo traducciones de electrodomésticos. Casada con un hombre gris, previsible, apático existencial con quien no consigue concebir descendencia. Así es la Flora que ha modelado la vida. Pero la verdadera Flora que aún late dentro es inteligente, imaginativa, soñadora, arriesgada, valiente. Y lo que empieza como un viaje en pos de su amante de una noche, termina siendo un viaje iniciático.

DEIDÉ Es la psicoanalista argentina de Flora, con quien habla desde Buenos Aires por Skype. Mujer práctica, con sentido del humor, es el contrapunto de la protagonista, una especie de Sancho Panza femenino que tiene los pies en la tierra. Sus explicaciones de naturaleza psicoanalítica ayudan no solo a estructurar la vida de Flora, sino también a esclarecer algunos de los enigmas a los que se enfrenta en su aventura tangerina. Ambas terminan siendo grandes amigas.

Por otro lado, Deidé pone a menudo la nota humorística con sus comentarios, como en el siguiente pasaje:

-Querida, esto te supera; ahora un contrabandista. Hablá con la policía, o no, mejor, olvídate. Si todos murieron y la asesina está cerca, qué más te da. No creí que la litera tura pudiera llegar a ser tan peligrosa.

-Tengo que dejarte, Deidé, he quedado con Armand.

-¿Armand? El otro «desentierratibias». Dios los cría y ellos se juntan.

-Es un hombre maravilloso, Deidé.

-¿Qué oí? Y este no está en un libro.

-No, investiga uno conmigo.

-¿Y dejaste de ver embarazadas asesinas? Bueno, claro, las cambiaste por personajes de novela.

Flora se ríe.

-Aquí no veo tantas. Quizá porque llevan el vientre bajo el caftán.

-Quizá porque vos sustituiste una locura por otra, y solo ves a Paul Dingle. Cada vez que hablo con vos me arde la menopausia.

ARMAND El hombre que ayuda a Flora en su aventura tangerina. De ojos amarillos y en la cincuentena es un hombre equilibrado y valiente. Natural de Tánger pero emigrado a Marsella, donde vive con su familia, vuelve a la ciudad a liquidar la casa familiar tras la muerte de su padre. Su apoyo es decisivo para Flora en los momentos más complicados de su estancia en Tánger.

BELLA NUR Mujer ya anciana pero de ojos vivos y mente lúcida. Elegante, enigmática, compleja, autora de la novela que fascina a Flora y la pone sobre la pista de Paul. Dice haber escrito su novela Niebla en Tánger gracias a los diarios de Marina encontrados en la casa donde vive, que anteriormente perteneció a aquella. No parece muy feliz con la presencia de Flora y le anima a olvidar todo el asunto. A pesar de ello, Flora descubre que guarda varios secretos importantes y decide llegar hasta el final en sus pesquisas.

Personajes de Niebla en Tánger de Bella Nur

MARINA Hija de padre ruso y madre judía sefardí de la comunidad de Tánger, de infancia moscovita y tangerina, huérfana temprana de padre y madre. Vida de niña rica judía con sus abuelos maternos, criada por una niñera rifeña, Ankara, gracias a la cual conoce el Tánger de los zocos y de los barrios populares, por los que siente fascinación. Más tarde será mujer independiente, emprendedora, amante de Paul. Adopta a Laila, hija de Amina, una hechicera bereber con poderes mágicos que luego heredará su hija. Marina, debido a un penoso incidente sufrido cuando huía con su padre de la revolución bolchevique, es pacifista convencida, y se ha jurado a sí misma que nunca matará a nadie.

PAUL Atractivo, enigmático, de ojos azul profundo. Paul desaparece de Madrid en diciembre de 2015, pero también de Tánger en diciembre de 1951. Paul es marino, y llega a esa ciudad por azar, el viento le obliga a cambiar su rumbo y, con ello, su destino. Allí conoce a Marina, la mujer por la que dejará el barco para convertirse en pianista del hotel más glamuroso de la ciudad, que ella posee y regenta, y de la que se convertirá en amante. Su verdadera identidad es incierta. ¿De qué huye Paul Dingle? ¿Qué oscuro pasado le obliga a mantenerse errante por el mundo.

LAIA Muchacha inteligente, pero profundamente herida por la muerte de su madre, Amina, la curandera bereber con poderes mágicos. Indómita y arisca en un principio con Marina, su madre adoptiva, va sin embargo estrechando lazos con ella hasta llegar a ser inseparable.

«Aquella noche, aún conmocionada por lo que me había contado, le permití que se acostara en mi cama desde el principio. Ya había conseguido que durmiera sola, aunque muchos días amanecía junto a mí. Cogió ese vicio, y lo mantuvo durante muchos años, hasta que Paul Dingle ocupó su lugar en mi lecho, y no volvió a aparecer por allí».De una inteligencia extraordinaria, asimila muy bien su nueva vida de bienestar, cultura y cariño, se integra perfectamente. Sin embargo, un hecho inesperado empezará a torcer las cosas.

SAMIR Niño al que conoce Marina en una de sus correrías por Tánger en compañía de su niñera Ankara. Es tuerto, tiene un único ojo verde que mira con intensidad, y cojera en una pierna. Juntos viven emocionantes aventuras infantiles que les unen de una manera especial y que recordarán toda su vida. Marina niña le pone bajo su protección, le da comida, amistad, y a cambio, él le ofrece un «huevo de astrogodón», que según la leyenda, se empolla y concede deseos, un símbolo que sella su amistad para siempre. Con los años, él tendrá un papel importante en la vida de Marina, y también en la de Laila.

Niebla en Tanger